En su versión 2019

Rectora Nacional UST es reconocida en 100 Mujeres Líderes: “Todavía somos muy pocas en posiciones de liderazgo”

María Olivia Recart fue elegida por su contribución al sector educacional del país. A través de este galardón, diario El Mercurio busca visibilizar el liderazgo femenino que aporta al desarrollo del país.

A casi un año de haber asumido la Rectoría Nacional de la Universidad Santo Tomás, María Olivia Recart fue destacada con el Premio 100 Mujeres Líderes de El Mercurio 2019 por su liderazgo y valioso aporte al sector educacional del país. Su potente trayectoria profesional en esferas tradicionalmente masculinas, la hace tener la convicción de que el país debe avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades y disminuir la brecha entre hombres y mujeres aún existente en distintas dimensiones de la sociedad. Hoy, es una de las tres Rectoras de universidades acreditadas del país, y es precisamente en la academia, donde asegura, se pueden gestar los cambios que Chile necesita.

“En el mundo de los rectores y las rectoras somos muy pocas las mujeres. Es muy fácil ser visible, pero también es mucho más trabajo. Este reconocimiento ayuda a visibilizar que todavía somos muy pocas en posiciones de liderazgo”, asevera.

Según la Rectora Nacional, los próximos desafíos de la UST tienen relación con la acreditación institucional y el acceso a gratuidad. “Hoy tenemos la meta de acreditarnos por 4 o 5 años. Yo quiero entrar a gratuidad con la Universidad, esa es mi meta, y estamos trabajando responsablemente para obtenerla”. Por otro lado, enfatiza en el compromiso con los y las estudiantes, egresados y egresadas, y cuerpo docente de la UST, señalando que se deben impulsar acciones que garanticen -para los primeros- una inserción exitosa en el mundo laboral y, en general, una mayor equidad de género. “En el mundo universitario la carrera académica tiene que tomar consideraciones de índole de género, porque obviamente hay temas que son súper marcadores, por ejemplo, la productividad académica en términos de publicaciones se ve fuertemente impactada por la maternidad”, enfatiza. 

Con respecto al balance de su gestión durante el período que lleva a la cabeza de plantel universitario, María Olivia Recart pone de relieve el desarrollo y el fortalecimiento de tres grandes ejes: por un lado, el área de investigación, que ha mostrado un progreso significativo en mediciones internacionales; la mejora continua en el área de docencia, y la línea de Innovación Social, con miras a la consolidación institucional de Vinculación con el Medio. Por último, y al consultarle por la decisión de abrirse camino en el mundo educativo, no duda: “Yo creo que fue la mejor decisión que pude haber tomado”.

Liderazgo femenino en la Educación Superior

Rectora, ha sido reconocida con el Premio 100 Mujeres Líderes de El Mercurio, como un liderazgo femenino que aporta al desarrollo educativo del país. ¿Qué valor le otorga a este reconocimiento?

En primer lugar, creo que esto visibiliza el liderazgo femenino, así que ese es el aporte fundamental. Yo creo que destacar entre 100 mujeres no es un mérito propio naturalmente, sino que es de la posición que uno ocupa, y en este caso, en el mundo de los rectores y las rectoras somos muy pocas las mujeres. Es muy fácil ser visible, pero también es mucho más trabajo. Este reconocimiento ayuda a visibilizar que todavía somos muy pocas en posiciones de liderazgo. Las mujeres vemos cosas de manera distinta y es importante que seamos más.

Este reconocimiento también sirve de inspiración a nuevas generaciones que quieren ser un aporte en el país en distintos ámbitos, marcar precedentes y generar cambios. En este sentido, ¿cuál diría usted que son las claves para lograrlo?

En general yo he estado en un mundo de puros hombres. Yo vengo de Concepción – en las regiones esto es aún más marcado-; somos cuatro hermanas, pero tuve un papá y una mamá que siempre pensaron que nosotros éramos iguales. En mi casa no había género, no había cosas que las mujeres podían hacer o que los hombres tenían que hacer, no había categorías; a nosotros se nos impulsó a desarrollar lo máximo que cada una tenía desde la perspectiva de que somos un ser humano con talentos, y no un hombre o una mujer. Lo principal viene de la educación que uno recibe de la casa, y si uno no tiene esa oportunidad, viene de las formas en que uno quiera cambiar el mundo, desde las creencias. Ser mujer en el Chile de hoy todavía es una discriminación, no es fácil acceder a los círculos de más influencia de poder, de liderazgo, en cualquier dimensión, en los grupos de trabajo en los que uno está se da cuenta de que el hombre saca la voz más fuerte, a las mujeres se les escucha menos y cuando hay que escoger a alguien para asumir una posición de liderazgo se elige a un hombre porque ha hecho más continuidad en su carrera, y no se toma en consideración que las mujeres hemos sido madres y hemos salido del mercado laboral un par de años.

¿Y si tuviera que elegir tres claves cuáles serían?

La primera es tener claridad y certeza de que somos iguales, no hay diferencias. Yo siempre digo que, si el trabajo que hay que hacer requiere fuerza, no es que ese trabajo tenga que hacerlo un hombre, sino que el trabajo está mal diseñado, y esa es mi perspectiva; si la rueda del neumático hay que cambiarla con una herramienta que requiere fuerza es porque el instrumento está malo, no es que está hecho para hombres. La segunda es la educación, esta es esencial desde la cuna y para toda la vida, no solo educarse uno, sino que educar a la gente con la que uno vive. Y la tercera clave es que hay que atreverse, no hay nada que las mujeres no podamos hacer, las mujeres estamos hechas para hacer todo. Yo creo que esa es una visión un poco arriesgada, pero yo la he seguido siempre.

En enero de 2020 se cumple 1 año desde que asumió la Rectoría Nacional de la UST. ¿Cómo ha sido el balance desde ese día hasta hoy?

Yo creo que fue la mejor decisión que pude haber tomado. Estoy feliz, creo que el desafío de la Universidad Santo Tomás es enorme, me encantan los equipos de trabajo, he recorrido casi todas las sedes, solo me queda una que por distintos motivos no he podido llegar, conozco el IP y el CFT también, y encuentro que hay tanta humanidad en esta institución, mucha empatía y cercanía, me sentí muy cómoda desde el día uno, y siento que tengo harto que aportar y que aprender, que a esta altura de la vida me parece una cosa vital, muy positiva. Me gustan los desafíos que tiene la institución, hoy tenemos la meta de acreditarnos por 4 o 5 años. Yo quiero entrar a gratuidad con la Universidad, esa es mi meta, la tengo puesta encima y estamos trabajando responsablemente para obtenerla. Creo que nuestros estudiantes se merecen estar en gratuidad, son ellos los me hacen ver lo que hoy estamos demandando desde el punto de vista del nuevo país que queremos, es una necesidad que no resiste más análisis. Llegó un momento en que Chile tiene que cambiar y nosotros como Santo Tomás cumplimos un rol muy importante en ese cambio, somos parte de eso.

Y ¿cuáles son los próximos desafíos para la UST?

Primero acreditarnos para acceder a gratuidad, son cosas que tienen un calendario -no porque nosotros queramos- a nosotros nos gustaría acreditarnos y entrar a gratuidad de inmediato, pero vamos a tener que esperar porque la ley así lo establece. También está el tema de mejorar permanentemente; hay muchas áreas donde todavía tenemos muchas oportunidades de progreso, áreas académicas, la investigación aplicada, los centros de investigación, las facultades nacionales, podemos hacer un aporte en políticas públicas, tenemos que apoyar mucho más a nuestros alumnos y egresados a insertarse exitosamente en el mercado laboral; tenemos que, en alguna medida, pensar en el currículum del futuro, en las carreras del mañana. Creo que hoy día, bajo la mirada de cómo está Chile, esas oportunidades están abiertas, y la Universidad Santo Tomás ha demostrado su resiliencia en el tiempo, en el sentido de adaptarse. Vamos a ir de a poco: acreditación, gratuidad y de ahí se nos abre la puerta a mirar un poquito más las disciplinas.

Esta iniciativa también hace un llamado a seguir avanzando a disminuir la brecha de género, sabemos que aún queda trabajo por hacer. ¿Cuál cree que son los desafíos para avanzar hacia una mayor igualdad entre hombres y mujeres?

Hay que ponerse las pilas, no da ni para mesas ni para diálogos, es tan evidente que hay que ponerse las pilas. En el mundo universitario, la carrera académica tiene que tomar consideraciones de índole de género porque obviamente hay temas que son súper marcadores, la productividad académica, en términos de publicaciones, por ejemplo, se ve impactada por la maternidad, tú no compites de igual a igual con un académico hombre; la conciliación trabajo y familia y etapas de la vida; las brechas salariales que yo creo que tampoco resisten análisis, los hombres y las mujeres no tienen diferencias en términos salariales, las diferencias se dan por experiencias, pero tomando en consideración también que los ciclos vitales de las mujeres son distintos. El tema de cuotas es un tema que tampoco resiste a análisis; son 66 universidades, somos cinco mujeres rectoras, de ellas solo 3 planteles están acreditados. Por otro lado, el sistema político sigue teniendo códigos de hombres, la manera de enfrentar las diferencias, y ahí hay un esfuerzo que tenemos que hacer, no estamos recluidas a la categoría de segunda clase.

¿Cuál es el mensaje para aquellas jóvenes, nuestras mismas estudiantes y académicas, que quizás sueñan con llegar alto, generar cambios, pero no se atreven o se encuentran con los obstáculos que hemos conversado?

Yo creo que nunca hay mensajes que sean muy fáciles porque a mí me ha tocado mirar la vida desde mi perspectiva. Yo tuve una vida donde la manera en que yo enfrenté los obstáculos fue siempre con paciencia. Lo que pasaba en nuestra generación en el mundo laboral, hoy día es inaceptable. Hoy las mujeres tenemos que aceptar que somos la punta de lanza de un mundo invisible que viene detrás nuestro, y ese mundo invisible es el mundo de la discapacidad, de la diversidad sexual, el indígena, en fin, hay un montón de mundos que vienen detrás nuestro y que están pasando hoy día por momentos que nosotros pasamos hace 10 o 15 años como género. Las reivindicaciones de género hoy día deben ampliarse a mirar cómo ser más inclusivas en general y no solo reivindicar el género como una causa, una lucha por sí misma. Tengo la creencia de que llegó el momento de que el mundo feminista se abra y sea la punta de lanza de muchas más cosas, hemos aprendido a hacernos un espacio en el mundo, nos falta llegar, es cierto, pero vamos a llegar.