Pese a que hoy todas las miradas están puestas sobre el Covid-19 y el pánico que genera, la quinta charla del ciclo dedicado a enfermedades zoonóticas nos recordó que el hantavirus es la que tiene la mayor tasa de muertes por cantidad de infectados en Chile.

Continuando con el ciclo de conferencias “Una Salud y Zoonosis: ¿Qué enfermedades nos pueden transmitir los animales?”, organizado por la Facultad de Recursos Naturales y Medicina Veterinaria de la UST, la quinta sesión dio inicio al tercer ciclo, correspondiente a “Enfermedades zoonóticas transmitidas por fauna silvestre”. Esta charla, en particular, estuvo dedicada al hantavirus y a su evolución.

El hanta es la enfermedad zoonótica de mayor letalidad en Chile, con una tasa actual cercana a un 35% de muertes en el total de infectados, razón por la cual es de alta preocupación para las autoridades, científicos y académicos. Gracias a mejoras clínicas, diagnósticas y de tratamiento, esta cifra continúa levemente a la baja en nuestro país.

Se trata de virus RNA que pertenecen a la familia Bunyaviridae y cuyo hospedero natural son los roedores. Se clasifica en dos tipos distintos: la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal, que es conocido como el “hanta del viejo mundo”, porque se originó y está radicado en Eurasia, y el Síndrome Pulmonar, o Síndrome Renal Cardio Hemorrágico, que corresponde al “hanta del nuevo mundo” que se generó en Norteamérica y avanzó por Centroamérica hasta llegar a Sudamérica. La cepa del viejo mundo tiene una muy baja letalidad, mientras que la variante americana alcanzó letalidades cercanas al 50%.

Rolando Rojas, académico de la Escuela de Medicina Veterinaria, Sede Concepción, describió que “la cepa presente en Chile es la Cepa Andes y el reservorio natural específico es el famoso pequeño ratón colilargo o ratón del arroz (Oligorizomys longicaudatus)”. Saltó a la luz pública durante la segunda mitad de la década de los ‘90 y su distribución va desde la Región de Copiapó hasta la zona de Aysén, donde su límite natural son los Campos de Hielo Sur, que lo separan de su congénere de la zona austral magallánica. “No todos los roedores colilargos son positivos al hantavirus”, aclaró el veterinario.

Este roedor se ubica generalmente en sectores boscosos y de matorrales y praderas, rurales y cerca de cursos de agua. Por ello la importancia del cuidado al acampar o al llegar a un lugar largamente deshabitado.

“El modo de infección es similar al Covid: principalmente ingresa por la vía respiratoria; por inhalar orina o fecas que se han desecado, también por contacto directo con excrementos o secreciones de ratones infectados”, explicó Rojas, añadiendo que se han registrado casos también por mordedura o persona a persona, “pero son excepcionales”, afirmó.

Sus síntomas asociados a exposición o actividad de riesgo, generalmente son fiebre sobre 38,3°C, dolores musculares, cefalea y síntomas gastrointestinales, y su período de incubación puede variar de entre cuatro a 45 días.

“Pese a los avances de la ciencia, la prevención sigue siendo el único freno para el hantavirus. En esta causa tenemos que estar todos involucrados: el profesor en la educación primaria, los investigadores, la gente que trabaja en la parte ambiental, todos somos partícipes”, convocó el docente de la sede penquista.

La mirada evolutiva

El profesor Yerko Vilina, de la Escuela de Medicina Veterinaria de Santiago abrió la sesión buscando contestar la pregunta de por qué las especies silvestres son reservorio de enfermedades virales, abordando el tema desde la evolución. El académico calificó la relación entre parásito y hospedero -propia de enfermedades como el hanta o el coronavirus- como “una guerra armamentista”. Se trata de “un proceso coevolutivo donde las dos especies (o virus) que se están encontrando, van a ir cambiando, de tal forma que la evolución de uno va a ir siendo congruente con la evolución del otro”, explicó.

Para que haya evolución -afirmó el catedrático-, debe haber selección natural. Es algo que no tiene una finalidad y que va a ocurrir porque existirían tres condiciones básicas: “Primero, que exista diversidad en los seres: que no todos los virus ni los hospederos sean iguales. Segundo, que el cambio genere algo que afecte directamente la ecuación biológica: capacidad de reproducción, longevidad de un individuo, o infección o prevalencia de un parásito con su hospedero. Y, tercero, que a la vez al hospedero también le afecte en su ecuación biológica: supervivencia, longevidad, cantidad de hijos, etc”.

Entonces, el hanta tiene directa relación con la evolución de los ratones. El ADN de estos roedores es bastante similar entre sus especies y los virus que ellos tienen, también son muy parecidos entre sí. “Uno empieza a pensar que la evolución de uno ha llevado a la evolución del otro y, por lo tanto, han hecho un camino común o coevolutivo”, afirmó Vilina.

“Hay evolución. Hay camino. Las enfermedades mutan, los virus mutan y cambiamos también los hospederos. Las enfermedades tienen una historia”, sentenció.