Vivian Neumann y Karla Hernández acuñaron este término para referirse a los derechos que tienen las personas postradas para participar en actividades de la vida diaria.

Toda persona tiene derecho a disfrutar dignamente de experiencias ocupacionales a pesar de no contar con las destrezas de desempeño necesarias para involucrarse en ella de manera independiente. Esa es la definición de “Dignidad ocupacional”, concepto que han desarrollado Vivian Neumann y Karla Hernández, directora de escuela y jefa de carrera de Terapia Ocupacional UST Viña del Mar, quienes de esta manera buscan explicitar el enfoque humanista que debe imperar en el trabajo con pacientes postrados.

“El concepto nació cuando un alumno me preguntó qué hacía yo en el Sanatorio Marítimo. Le respondí que como terapeuta ocupacional mi labor era promover la participación de estos jóvenes y niños en la distintas actividades que realizamos los seres humanos, como ir a la playa, ir al mall, cocinar, etcétera, porque ellos tienen el derecho a participar de estas actividades”, cuenta Vivian Neumann, agregando que “en el fondo se trata de cómo las personas a pesar de tener un daño cerebral severo, igual deben tener la posibilidad de participar en las diferentes ocupaciones en la medida que se pueda. A eso le llamamos dignidad ocupacional”.

Karla Hernández señala que la dignidad ocupacional es un tema de preocupación entre los terapeutas ocupacionales. “Lo que hacemos nosotras es acuñar un término para no olvidar que todas las personas son valiosas y no por tener un accidente vascular, su dignidad se acaba. La gente puede vivir muchos años en esa condición, entonces hay que hacerse cargo”, asevera.

Participación en la rutina diaria

Pero, ¿cómo se puede fomentar la participación en actividades rutinarias de personas que están postradas? Las académicas de UST Viña del Mar entregan un ejemplo. “A don Juanito le encantaba la cena de Navidad, pero ahora que está postrado no lo llevan al comedor porque cuesta levantarlo, porque piensan que le va a dar frío, etcétera… acá nosotras promovemos que sí debe participar en esa cena porque es su derecho y porque antes él gozaba con esa cena. ¿Quién dice que ahora no va a gozar? Su forma de expresarlo será distinta, es la única diferencia”, explica la directora de escuela.

Estamos hablando de personas que no van a lograr ser independientes en las actividades básicas o instrumentales, pero merecen participar aunque sea de manera protegida. ¿Por qué una persona que está en cama no puede escuchar la música que le gustaba?”, se pregunta la jefa de carrera.

Y si bien en los adultos asoma como sencillo identificar los gustos de las personas antes del episodio que les significó estar postradas, en los niños la tarea es más difícil, pero no imposible. “En ese caso se debe explorar un poco más, pero por más daño que presenten, igual manifiestan de una u otra manera sus estados emocionales. Un familiar o un equipo de salud debería saber reconocerlos”, señala Vivian Neumann, recordando su experiencia en el Sanatorio Marítimo: “llevábamos a los niños a la playa para que sintieran el viento, la arena, el ruido del mar, y lo que observábamos era un estado de relajación en ellos. Sí, era una actividad que la estábamos imponiendo desde el equipo médico, pero pensando en que a todos los niños les gusta ir a la playa, ¿entonces por qué a ellos no les iba a gustar?”.

El desarrollo del concepto “Dignidad ocupacional” fue publicado por las docentes de UST Viña del Mar en el volumen 15 de la Revista Chilena de Terapia Ocupacional. El detalle se puede revisar en el siguiente enlace.