Crecimiento y Desarrollo: El Desafío de la Sostenibilidad para el Maule

Hoy hablar de sostenibilidad parece un lujo, considerando que nuestra economía nos muestra señales preocupantes, con proyecciones de organismos nacionales e internacionales que indican que este año tendremos un crecimiento nulo, aproximándonos a un pobre 2% para el año 2027, lo anterior acompañado de una alta tasa de desempleo cercana al 10% y una inflación que es distante y se aleja por sobre el rango meta del 3% anual.

Sin embargo, más allá de estas cifras, para una región como el Maule, cuyo dinamismo productivo depende fuertemente de los recursos naturales, la sostenibilidad es un desafío presente. Nuestra región continúa consolidándose como uno de los polos exportadores importantes del país. Durante 2025, las exportaciones regionales mostraron resultados positivos impulsados principalmente por los sectores agropecuario, agroindustrial, forestal y vitivinícola, destacando el liderazgo de productos como cerezas, vinos, manzanas, arándanos y alimentos procesados. Esta realidad confirma que la capacidad de crecimiento regional está estrechamente vinculada a la sostenibilidad de nuestros ecosistemas productivos.

Por ello, la discusión sobre sostenibilidad ya no puede plantearse como un asunto exclusivamente ambiental. El cambio climático dejó de ser una amenaza futura, está presente y nos muestra la vulnerabilidad que tiene nuestros sistemas productivos, donde la inversión para la adaptación climática debe entenderse como una inversión estratégica y no como un costo.

Asimismo, el desafío de la sostenibilidad agroalimentaria representa una oportunidad para el Maule. El fortalecimiento de prácticas de agricultura regenerativa, economía circular, gestión eficiente de recursos hídricos y producción baja en carbono puede transformarse en un factor diferenciador para la producción regional.

La paradoja es evidente: el Maule necesita aumentar su productividad para sostener el crecimiento económico, pero simultáneamente debe reducir el impacto ambiental de sus procesos productivos. El éxito regional dependerá precisamente de la capacidad para compatibilizar ambos objetivos.

Para Chile, y particularmente para el Maule, esto supone profundizar la colaboración entre el sector público y privado, desarrollando inversiones que fortalezcan la capacidad adaptativa del territorio y reduzcan riesgos futuros. Por ello, la innovación es fundamental para conciliar crecimiento económico y sostenibilidad.  La incorporación de tecnologías de agricultura de precisión, monitoreo satelital, inteligencia artificial aplicada a la gestión hídrica, energías renovables, valorización de residuos y bioeconomía abre posibilidades inéditas para aumentar productividad sin incrementar significativamente el consumo de recursos naturales.

Las universidades, centros tecnológicos, empresas y el gobierno regional tienen aquí una responsabilidad compartida. El desafío no consiste solamente en generar conocimiento, sino en acelerar su transferencia efectiva hacia los sectores productivos. La sostenibilidad ya no puede entenderse como una política complementaria, debe transformarse en una estrategia central de competitividad.

Chile enfrenta actualmente una verdadera encrucijada. Puede continuar en un modelo de crecimiento basado en la explotación intensiva de recursos naturales, asumiendo crecientes riesgos ambientales y sociales, o avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible capaz de generar prosperidad económica, resiliencia territorial y bienestar para las futuras generaciones.

En este escenario, el Maule posee condiciones excepcionales para alcanzar un desarrollo sostenible. Su liderazgo agroalimentario, su diversidad productiva, sus capacidades académicas y su relevancia exportadora constituyen una base sólida para avanzar hacia una economía más verde, innovadora y resiliente.