UST participa en Protagonistas 2030 con investigación sobre cetáceos en la Patagonia chilena

  • La investigadora del Centro Bahía Lomas explicó a estudiantes de enseñanza media el papel ecológico de ballenas, delfines y otros cetáceos en los ecosistemas marinos de la Patagonia chilena.

La Dra. Daniela Haro, investigadora del Centro Bahía Lomas de la Universidad Santo Tomás, participó como expositora en la novena versión del Summit de Educación Superior Protagonistas 2030, organizado por El Mercurio, con la presentación «Cetáceos en Chile: los guardianes invisibles del mar». El encuentro se realizó los días 4 y 5 de agosto en Espacio Riesco, Santiago, y reunió a cerca de cinco mil estudiantes de tercero y cuarto medio provenientes de distintos establecimientos del país, junto a más de veinte instituciones de educación superior.

En su presentación, la académica compartió parte de las líneas de investigación que desarrolla en el Centro Bahía Lomas, entre ellas un estudio sobre la composición de la dieta de la ballena sei en la Patagonia chilena y un trabajo de monitoreo y foto-identificación de la ballena franca austral en el Estrecho de Magallanes.

Haro planteó a los estudiantes una mirada distinta sobre estos animales. «Muchos saben que las ballenas vienen a alimentarse a nuestras costas, pero solemos quedarnos con la imagen de un animal grande y carismático. Pero cumplen distintas funciones en el océano y, sin ballenas, nuestras costas serían muy diferentes», señaló.

Uno de los aportes que destacó es su rol en el reciclaje de nutrientes: durante su estadía en aguas locales, las ballenas consumen grandes cantidades de krill y otros organismos, y al liberar nutrientes a través de sus heces enriquecen la columna de agua. «Se les ha llamado las fertilizadoras del océano. Aunque consumen muchas toneladas de presas, también aportan nutrientes que favorecen el desarrollo del fitoplancton y ayudan a que siga existiendo alimento para otras especies», explicó.

La investigadora precisó que esta función ecológica se replica, con matices, en distintas especies. «La función ecológica de los cetáceos se ve en todas las especies, aunque cada una tiene un rol particular. Ballenas, delfines, cachalotes, orcas o marsopas contribuyen de distintas maneras al equilibrio del ecosistema», indicó.

Una carrera ligada a la Patagonia

Oriunda de Punta Arenas, Haro es bióloga marina de la Universidad Austral, magíster de la Universidad de Magallanes y doctora en Ciencias, con mención en Ecología y Biología Evolutiva, por la Universidad de Chile. Su línea de investigación se centra en la ecología trófica de mamíferos marinos —cómo se alimentan y qué papel cumplen dentro de las redes alimentarias—, información clave para la conservación de los ecosistemas costeros de la Patagonia. Ha participado en numerosos proyectos sobre ecología y conservación de ballenas y delfines, además de investigaciones en áreas marinas protegidas del sur de Chile.

Su trabajo ha sido reconocido dentro y fuera del país: en 2023 recibió el premio For Women in Science, otorgado por la Fundación L’Oréal y Unesco, y este año fue incorporada a la segunda edición de la Tabla de Mujeres Científicas Chilenas de la Biblioteca del Congreso Nacional, iniciativa que destaca el aporte de 118 investigadoras en disciplinas STEM.

Pese a la diversidad de cetáceos que alberga Chile, una de las mayores del hemisferio sur, la investigadora sostuvo que aún hay mucho por conocer. «Hoy sabemos bastante más sobre la presencia y distribución de estas especies gracias a los avistamientos, los estudios genéticos y la acústica, pero en general conocemos poco. Estudiarlas no es fácil: hay que embarcarse, llegar a zonas remotas y conseguir financiamiento», afirmó, y agregó que el panorama ha cambiado en las últimas décadas: «Hace cuarenta años prácticamente no había investigadores trabajando en cetáceos en Chile. Hoy existen grupos consolidados a lo largo del país, y eso es fundamental para avanzar en su conservación».

Entre las principales amenazas que enfrentan estos animales en el país, Haro mencionó las colisiones con embarcaciones y el enmallamiento en redes de pesca, además de riesgos crecientes como la contaminación, las enfermedades y los microplásticos. «Un estudio publicado el año pasado determinó que Chile está entre los cinco países con mayor mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones», advirtió, aunque planteó que el problema puede reducirse con medidas como disminuir la velocidad de las embarcaciones en zonas críticas o fortalecer los sistemas de monitoreo.

Ante los estudiantes de Protagonistas 2030, la investigadora quiso transmitir también una mirada más amplia sobre el trabajo científico. «Ser investigador significa hacerse preguntas constantemente. Es un trabajo que combina terreno, laboratorio y análisis; no es rutinario y permite descubrir lugares extraordinarios. Hay que tener paciencia, flexibilidad y tolerancia a la frustración, pero en Chile existe una enorme biodiversidad y todavía hay muchísimo por investigar», finalizó.