Frente a la grandes exigencias que tiene la Universidad en la actualidad, tales como las acreditaciones, la investigación aplicada, la vinculación con el medio y el sinnúmero de publicaciones que han de agregarse a la época de la información, pareciera que no siempre resuena en la conciencia el término latino universitas, que refiere a un conjunto de académicos particulares, que conviven en comunidad.

Entonces, ¿por qué recordar términos añejos y “pasados de moda”? En palabras sencillas, podemos decir que allí, tanto en la universitas, latina, y el kathos griego, se encuentra el ser mismo de la Universidad,  es decir la puerta al saber universal, que acepta las diversas miradas y disciplinas, de modo discrepante, pero cordial y amistoso. Por lo tanto, pareciera ser que lo clásico, inclusive en el mundo universitario, sigue tan vigente como nunca.

Algunas personas piensan, que lo que se dijo hace miles de años ya está pasado de moda, si fuese así la obra de Homero, Jesús, Platón o Séneca, estarían obsoletas, sin embargo, siguen siendo textos recurrentes para expertos y novatos. Por consiguiente, analógicamente, la universitas y el khatos, dan sentido y orientan a la misión de la Universidad, y ésta tiene que ver, con reunir a un conjunto de académicos, que buscan la verdad.

¿Buscar la verdad? Sí, tal como se lee, en época de la posverdad, donde todo es relativo, tanto el bien, como la misma verdad y la belleza. Es no menor esta empresa, ya que la obra clásica de “La idea de una universidad” (John Henry Newman), el “discurso inaugural de la Universidad de Chile” (Andrés Bello)  o, el magnífico libro publicado hace muy poco por el Dr. Ignacio Serrano, que lleva por título “Universidad (pos) moderna y racionalidad práctica”, conducen y exhortan, constantemente al ente autónomo de académicos e intelectuales, hacia la búsqueda de la verdad, es decir una apología en tiempos de relativismos epistemológicos, éticos y políticos.

Por último surge una última pregunta ¿Qué es la verdad?; ¿Qué tipo de verdad? A juicio, de quien suscribe, una verdad de carácter inmanente que puede ser científica, especulativa y/o práctica; pero, también, la “incómoda”, la revelada, aquella que nos abre a la trascendencia, pudiendo asistir a la teodicea o a la teología. Es decir, una verdad integral, que deje espacio a la razón y la fe, tal como dijo don Andrés Bello: “todas las verdades tocan” o la Fides et Ratio: “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

En síntesis, esta es la misión de la Universidad, ir en búsqueda de la verdad en tiempos de crisis, relatos, deconstrucciones y relativismos, a imagen, de la visionaria “comunidad de fines” del Cardenal Newman, que expresa en su obra: “Así es como concibo una sede de enseñanza de conocimiento universal: la unión de hombres sabios y letrados, cada uno apasionado por su disciplina, reunidos en un trato familiar, en busca de una armonía intelectual, intentando conciliar las afirmaciones de sus respectivas áreas del saber y buscando estrechar las relaciones de sus investigaciones particulares”.