Campañas por la inclusión: cuando todos somos diferentes

La inclusión es una visión social que se enmarca en el enfoque de derechos y en la valoración de la diversidad, partiendo de la base que todas somos diferentes y que, en función de ello, podemos interactuar, relacionarnos y enriquecernos los unos a los otros. El problema es que hay barreras. Y muchas.

La CIF (Clasificación Internacional del Funcionamiento de la OMS) indica que las barreras para la inclusión son “todos aquellos factores ambientales que, a través de su ausencia o presencia, limitan el funcionamiento y crean discapacidad. Esto incluye aspectos como un ambiente físico inaccesible, falta de tecnología asistencial apropiada, actitudes negativas de las personas hacia la discapacidad, así como servicios, sistemas y políticas que no existen o que -específicamente- dificultan la implicación de las personas que tienen una condición de salud que conlleve una discapacidad”.

Claramente no somos un país 100% inclusivo, aunque sí vamos encaminados a ello. De a poco hemos ido eliminando barreras, creando lugares, entornos y tecnologías más accesibles para todos. Pero aún tenemos mucho que hacer: optimizar los espacios de participación y de acceso, y eliminar las barreras actitudinales. Crear conciencia.

Existen iniciativas que tienen como objetivo la inclusión y eso resulta muy valorable. Puntualmente, campañas publicitarias que utilizan como rostro a niños con síndrome de down u otras condiciones. ¿Son útiles para lograr la inclusión? Depende de cómo se miren.

Estas campañas publicitarias favorecerán la inclusión sólo en tanto no se tenga una mirada paternalista o de compasión hacia ese menor. Es cierto que estos niños y niñas requieren de una ayuda y apoyo específico, pero ello no tiene que ser nuestro foco de atención.

Ahora, si bien la intención de estas campañas es mostrar la diversidad, no como un factor diferenciador sino como un factor de sensibilización de la población, respetando el derecho a participar en los contextos sociales, siempre estará el riesgo de que sigamos asumiendo, erróneamente- que todos somos iguales, y que sólo las personas con discapacidad son las diferentes.

Avanzar en materia de inclusión debe hacerse no desde una mirada ideal, sino desde una mirada realista que permita que todos puedan relacionarse e interactuar, sea en las instituciones educativas, en los trabajos o en los espacios públicos. Que prime el respeto y una actitud de aceptación de las diferencias individuales de cada uno de nosotros.