Daniela Muñoz, de alumna beneficiada a nueva mentora del Programa de Mentoring Inclusivo en Santo Tomás Viña del Mar

“Quería ser mentora para ayudar a otras personas que tuvieran algún tipo de dificultad. Otro motivo era ‘devolverle la mano’ a la vida por todas las personas que me han acompañado en este proceso. Y no menos importante, quería aportar un granito de arena a la sociedad para que seamos cada día mejor”, dice la alumna de Psicología.

Daniela Muñoz estudia en segundo año de Psicología en UST Viña del Mar. Tiene discapacidad visual, por lo que en 2020 fue una de las beneficiadas con el Programa de Mentoring Inclusivo que desarrolla Santo Tomás en todas sus sedes. Y este 2021, ella quiso asumir el rol opuesto y convertirse en una de las mentoras de este mismo programa. Fue seleccionada por el Centro de Aprendizaje y ahora se apresta a “devolver la mano”, como dice, y brindar a otros la ayuda que ella recibió.

 “El año pasado ingresé al Programa de Mentoring Inclusivo en el segundo semestre, en el primero estuve apoyada por el Centro de Aprendizaje a través de las profesoras Roxana Silva y Marjorie Moya. Fue en modalidad virtual a causa de la pandemia y precisamente que todo sea telemático hizo que fuera complicado al principio porque ahora todo es visual, las plataformas, las clases en línea, etcétera. Pero con la ayuda de todos he salido adelante y en general me fue bastante bien el año pasado”, señala de entrada.

Ahora que ya cursa el tercer semestre, Daniela recuerda que los primeros días del año pasado no fueron fáciles: “como alumna en situación de discapacidad este proceso ha sido bien complejo porque ya tengo 44 años y esta es mi segunda carrera (antes estudió Enfermería) después de mucho tiempo. Tenía mucho susto, estaba muy ansiosa, y ahí mi jefe carrera me derivó al Centro de Aprendizaje donde conocí a dos personas maravillosas, las profesoras Roxana y Marjorie, que comenzaron a ayudarme y apoyarme”.

 Mentoring con compañera de Psicología

En el segundo semestre ingresó al Programa de Mentoring Inclusivo, donde una compañera de curso superior de Psicología fue su mentora, encargada de apoyarla no sólo en el ámbito académico, sino también en lo social y administrativo. “Que fuera de mi misma carrera hizo bastante fácil el aprendizaje porque las dos manejábamos el mismo lenguaje, los mismos conceptos… me ayudó muchísimo que fuera así”, dice.

¿En qué se reflejaba ese apoyo? Daniela recuerda que “nos veíamos casi siempre, me ayudó un montón porque era súper importante visibilizar a los profesores mi condición de discapacidad para que tomaran algunas precauciones y me ayudaran con apoyos técnicos para ver los contenidos. La gente en general sabe que tienes una discapacidad visual, pero no se fija en que hay términos que no te sirven, como abajo, arriba, acá, que son muy visuales. Entonces les tuvieron que hacer una especie de educación a los profesores para que supieran cómo hacer las presentaciones para que yo las pueda seguir”.

“Una de las cosas que más se me dificultaban eran las lecturas. En Psicología hay que leer bastante, lo que es casi una contraindicación bajo mi condición. Entonces tenían que apoyarme entre la profesora, mi mentora, mis hijos y todo el mundo, y así lograba hacer la lectura… o escucharla, más bien dicho. El problema es que los programas que convierten a audio los textos de PDF usan unas voces muy monótonas que dan sueño. A veces me quedaba dormida”, confiesa.

 “Devolver la mano” al programa de Mentoring

Después de la experiencia de 2020, Daniela postuló al Programa de Mentoring Inclusivo, pero esta vez para ser ella la mentora de algún alumno de primer año en situación de discapacidad. ¿Por qué quiso asumir este rol? “Es una bonita pregunta. Creo que todos nacemos con un don, una habilidad especial. Por eso estudié antes Enfermería y ahora Psicología, porque creo que mi habilidad es ayudar a otro ser humano”, responde.

“La vida me ha mostrado que las cosas pueden cambiar de un momento a otro. En esta nueva vida se me cerraron muchas puertas, pero se me abrieron muchas más. Hubo muchas personas en el camino que me ayudaron a seguir adelante, la familia obviamente, pero también personas externas, personas que no me conocían y confiaron en mí y me motivaron”, se explaya.

Respecto a su participación en el Mentoring Inclusivo, dice que “una de las razones por las que quería ser mentora es ayudar a otras personas que tuvieran algún tipo de dificultad. Otro motivo era ‘devolverle la mano’ a la vida por todas las personas que me han acompañado en este proceso. Y no menos importante, quería aportar un granito de arena a la sociedad para que seamos cada día mejor”.

Y finaliza señalando que “para mí es súper importante por una cosa personal, que es ayudar al otro, sentir empatía por otro, entregar ese calor y amor a personas que lo necesitan en un momento de conflicto. También es mi forma de sanarme, es la forma en que mi corazón se siente en paz. Siento que puedo ayudar a otro ser humano y que, en el fondo, es como una especie de recuerdo de todas las personas e instituciones, familia, amigos, profesores, que me han acompañado. Es una forma de decirles gracias y quiero ‘devolver la mano’ ayudando a otras personas que necesiten de mí”.

Junto a Daniela, otras siete alumnas de Santo Tomás Viña del Mar fueron seleccionadas como mentoras este año. Ellas son Valentina Barraza (Terapia Ocupacional), Francisca Donoso (Medicina Veterinaria), Tiare Galea (Preparador Físico), Camila Olivares (Terapia Ocupacional), Constanza Olivares (Trabajo Social), Oriela Santana (Técnico en Veterinaria y Producción Pecuaria) y Melissa Vergara (Ingeniería en Automatización y Control Industrial).