Columna de Opinión: Moverse más, sentarse menos: una estrategia clave frente a la diabetes

Por: Dr. Francisco Soto Rodríguez

Doctor en Medicina Clínica y Salud Pública, especialista en Actividad Física y Salud

Docente de la Carrera de Kinesiología Universidad Santo Tomás Temuco

Cada 14 de noviembre conmemoramos el Día Mundial de la Diabetes, una fecha que nos invita a reflexionar sobre una de las principales amenazas para la salud global. Más allá de los factores genéticos o metabólicos, hoy sabemos que los comportamientos físicos cotidianos (cuánto nos movemos, cuánto tiempo permanecemos sentados y con qué frecuencia interrumpimos ese tiempo sedentario) juegan un papel decisivo tanto en la prevención como en el control de la diabetes tipo 2.

En nuestra vida moderna, caracterizada por largas horas frente a pantallas y desplazamientos pasivos, la inactividad física y el comportamiento sedentario se han convertido en verdaderos determinantes de riesgo. Permanecer sentado durante periodos prolongados reduce la sensibilidad a la insulina, altera el metabolismo de la glucosa y promueve la acumulación de grasa abdominal, configurando un entorno fisiológico propicio para la aparición o el agravamiento de la enfermedad.

El mensaje “Move more, sit less”, promovido internacionalmente como una iniciativa para mantener y mejorar la salud, no se trata solo de hacer ejercicio, sino de transformar la manera en que nos relacionamos con el movimiento a lo largo del día. Pequeñas acciones como ponerse de pie cada 30 minutos, caminar mientras se habla por teléfono, optar por las escaleras o realizar breves pausas activas en el trabajo, pueden generar beneficios metabólicos significativos.

Promover entornos laborales y comunitarios que faciliten el movimiento no es un lujo, sino un desafío que debemos asumir todos: de forma individual, en familia, junto a nuestros compañeros de trabajo y también desde las organizaciones con las que nos vinculamos. Enfrentar la diabetes requiere ir más allá del tratamiento médico; implica rediseñar nuestros hábitos, nuestros espacios y nuestras prioridades cotidianas. Movernos más y sentarnos menos no solo mejora el control glicémico, sino que refuerza nuestra capacidad para vivir de manera más activa y saludable.