Moverse para aprender, jugar para pertenecer
Antes de aprender a leer o a contar, todo niño aprende a través de su cuerpo. Gatear, trepar, lanzar o saltar son sus primeras formas de conocer el mundo y de conocerse a sí mismo. En los niños y niñas con necesidades educativas especiales (NEE), el movimiento no es un complemento del aprendizaje: es una de sus puertas de entrada más poderosas, y merece un lugar central en su formación.
Hablar de corporeidad es reconocer que somos un cuerpo que siente, piensa y se relaciona. Muchos de estos niños han tenido experiencias motrices limitadas por la sobreprotección o por barreras del entorno. Al desarrollar las habilidades motrices básicas se fortalecen factores psicomotrices como el tono, el equilibrio, la lateralidad, el esquema corporal y la organización espacial y temporal, que luego sostienen aprendizajes como la lectoescritura, la atención y la autonomía en la vida diaria.
El movimiento les permite relacionarse consigo mismos, al descubrir lo que su cuerpo puede hacer y fortalecer su autoestima; con el entorno, al explorar y resolver problemas; y con los demás, porque el juego motor enseña a cooperar, comunicarse, respetar turnos y tolerar la frustración. Su impacto alcanza también lo cognitivo y lo emocional: favorece la memoria, la concentración y la regulación de las emociones, y disminuye la ansiedad.
Aun así, muchos estudiantes con NEE siguen mirando la clase de Educación Física desde la banca, son eximidos o se les asigna el rol de “ayudante”. Esa exclusión silenciosa les quita justamente lo que más necesitan y priva a sus compañeros de aprender a convivir con la diversidad.
Aquí la innovación es clave. Innovar no exige tecnología costosa, sino atreverse a mirar la clase de otra manera: aplicar el Diseño Universal para el Aprendizaje, adaptar reglas, espacios y materiales, privilegiar juegos cooperativos e incorporar música, expresión corporal y deportes adaptados. También es trabajar en equipo con docentes, técnicos en educación especial, especialistas y familias, porque la inclusión motriz no es tarea de una sola persona.
La inclusión es responsabilidad de toda la sociedad. Se practica cuando un grupo ajusta un juego para que todos participen cuando un docente planifica pensando en todos desde el inicio y cuando una comunidad ofrece espacios recreativos accesibles. Incluir a un niño con NEE beneficia a todo el grupo, que aprende empatía y respeto. Ningún niño debería quedarse fuera del juego, porque cuando un niño se mueve, aprende; cuando aprende, se relaciona; y cuando se relaciona, se siente parte.