Investigación de académica UST evidencia la necesidad de sistemas integrados y equitativos en la atención del cáncer

  • El estudio, publicado en una revista internacional especializada, muestra que los países con mayores tasas de supervivencia al cáncer no solo destacan por sus avances biomédicos, sino por la consolidación de modelos de atención integrales, caracterizados por la detección precoz, el trabajo interdisciplinario y la incorporación sistemática del apoyo psicosocial. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es una de las principales causas de muerte a nivel global, con cerca de 10 millones de fallecimientos registrados en 2020, lo que equivale a casi una de cada seis muertes en el mundo. En Chile, el escenario también resulta preocupante. De acuerdo con datos del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud, el cáncer de colon y el de pulmón se ubican entre las diez principales causas de muerte en hombres y mujeres del país, ocupando el octavo y décimo lugar, respectivamente. 

En un contexto marcado por el aumento sostenido de la demanda por atención oncológica, el Gobierno de Chile anunció la declaración de Alerta Sanitaria por Emergencia de Salud Pública, orientada a abordar las listas de espera de pacientes con cáncer. La medida, impulsada por la actual ministra de Salud, May Chomalí, permitirá focalizar esfuerzos en más de 27 mil personas que se encuentran a la espera de diagnóstico o tratamiento, incorporando tanto a pacientes con garantías GES retrasadas como a quienes enfrentan demoras fuera de este sistema. 

En esta línea, el trabajo de la Dra. Carla Calderón, académica y coordinadora de Vinculación con el Medio de la Facultad de Salud de la Universidad Santo Tomás, aporta evidencia relevante desde una perspectiva comparada. Su producción reciente incluye dos artículos publicados en Journal of Cancer Policy que abordan, desde distintos niveles de análisis, los factores que explican las diferencias en los resultados en cáncer entre países. 

El primero de ellos, publicado en 2025 y titulado “Sociodemographic, political, and policy contexts of cancer care: A comparative analysis of countries with the highest survival rates”, del cual es autora por correspondencia, analiza los contextos estructurales —sociodemográficos, políticos y de política pública— que configuran los sistemas de atención oncológica que son más exitosos en la atención del cáncer, donde se establece que las tasas de supervivencia no pueden explicarse únicamente por variables clínicas, sino que responden a configuraciones institucionales más amplias, donde la cobertura sanitaria, la organización del sistema y las políticas redistributivas juegan un rol determinante. 

Mientras que su publicación más reciente como primera autora (2026) corresponde a un segundo artículo, titulado “Institutional practices for cancer: Comparison of social and health care along disease trajectory in five countries with high survival rates”, en el que profundiza este análisis al examinar cómo las políticas se traducen en prácticas concretas a lo largo de toda la trayectoria de la enfermedad, desde la detección precoz hasta la supervivencia. A partir de una revisión crítica de documentos institucionales, el estudio muestra que los países con mejores resultados comparten una articulación efectiva entre dimensiones biomédicas, sociales, culturales y legales; es decir, son sistemas capaces de construir un ecosistema institucional que sostiene el cuidado, la continuidad terapéutica y la calidad de vida de las personas. 

El estudio, financiado por CECAN, examinó la trayectoria completa de la enfermedad —desde la detección precoz hasta la etapa de supervivencia— en Australia, Bélgica, Canadá, Costa Rica y Japón. A través de un análisis crítico de planes nacionales de cáncer, marcos normativos y guías clínicas, los resultados evidencian que, más allá de la innovación tecnológica o farmacológica, los países con mejores indicadores comparten una sólida institucionalización de programas de detección temprana, una infraestructura diagnóstica fortalecida y la implementación de equipos interdisciplinarios de atención. 

Asimismo, la investigación advierte la persistencia de desafíos relevantes asociados a desigualdades territoriales, barreras de acceso equitativo a tratamientos y dificultades en la protección financiera frente a terapias innovadoras. En este escenario, se subraya el rol clave del apoyo psicosocial, legal y comunitario como parte constitutiva de la experiencia de las y los pacientes con cáncer. 

En el contexto actual de la Alerta Sanitaria Oncológica en Chile, estos hallazgos adquieren especial relevancia. Para la Dra. Calderón «si bien la reducción de listas de espera es una condición urgente, la evidencia muestra que mejorar de manera sostenida los resultados en cáncer requiere avanzar hacia sistemas integrados que aseguren no solo acceso oportuno, sino también coordinación del cuidado, apoyo psicosocial y equidad en todas las etapas del proceso». 

Desde esta perspectiva, la especialista plantea que la contingencia nacional abre una oportunidad para fortalecer no solo la capacidad resolutiva del sistema, sino también su diseño estructural «incorporando aprendizajes internacionales que permitan transitar hacia modelos de atención más integrales y centrados en las personas«. 

Este enfoque encuentra una traducción directa en el trabajo que la Dra. Calderón desarrolla en el Programa de VcM Salud Comunitaria de la Universidad Santo Tomás, desde donde promueve la integración de evidencia científica con enfoque territorial y participación social en el diseño de políticas públicas en salud.

En esta misma línea, este año fue nuevamente invitada a participar en Congreso Futuro, donde coordina la mesa “Salud del Futuro”, contribuyendo a la articulación entre conocimiento científico y desafíos país. Asimismo, forma parte del espacio “Universidades por el Territorio”, instancia en la que se discuten estrategias para avanzar hacia currículums que integren de manera más sistemática la dimensión sociosanitaria. 

En síntesis, la académica manifiesta que la evidencia disponible sugiere que enfrentar la crisis oncológica no se limita a resolver la acumulación de casos, sino que exige una transformación más profunda de los sistemas de atención, capaz de articular lo clínico con lo social, lo institucional con lo territorial, y la supervivencia con la calidad de vida.