Más allá de las aulas y las oficinas, la comunidad de Santo Tomás se reunió en un día de campo donde el reconocimiento al talento humano y el compañerismo marcaron el inicio de un nuevo ciclo académico
La cotidianidad laboral en una institución de la magnitud de Santo Tomás suele ser un engranaje de metas, plazos y gestión constante. Sin embargo, hay momentos donde la pausa se vuelve necesaria para fortalecer el espíritu. Así se vivió el reciente Paseo de Campo Santo Tomás 2026, una jornada donde la sede Chillán detuvo el reloj para dar paso a lo esencialmente humano: la escucha plena y el compartir sincero.
Entre el eco de las risas y la sana competencia de la «pichanga», las áreas de Operaciones y Administración, Admisión, Capacitación y Educación Continua demostraron que el trabajo en equipo también se cocina a fuego lento. Mientras los juegos de mesa y los gritos de aliento de las barras animaban la mañana, el equipo organizador blindó la jornada con una logística impecable de hidratación y un almuerzo al calor de las brasas.
El clímax del encuentro llegó con el reconocimiento entre pares. A través del voto físico, la comunidad eligió a sus referentes de compañerismo: Álvaro Michael Bravo Garrido (Asistente de Informática) fue destacado en el CFT, mientras que Roxana Margarita Osorio Sepúlveda (secretaria) recibió el honor por parte del Instituto Profesional. Ambos representan el compromiso silencioso pero fundamental que sostiene la operación diaria.
En un gesto cargado de simbolismo, y como antesala al Día Internacional de la Mujer, el Comité Directivo entregó rosas a las colaboradoras presentes, rindiendo tributo a la entrega y constancia de quienes hacen de Santo Tomás la institución de educación superior más grande de Chile.
Con las energías renovadas en estar entre tres espacios físicos, pero bajo un mismo sentir, la sede Chillán se declara lista para los desafíos del nuevo año académico.