El desafío de alimentarnos mejor en una sociedad acelerada

Por: Leyla Leiva Hales, Docente Nutrición y Dietética Universidad Santo Tomás Temuco Nutricionista, Magíster en Nutrición y Alimentación

En el contexto del Día del Nutricionista, que se conmemora cada 6 de mayo en Chile, resulta importante reflexionar sobre los cambios que ha experimentado el escenario nutricional del país y los desafíos que enfrenta actualmente esta profesión. En pocas décadas, Chile pasó de enfrentar problemas asociados a la desnutrición a convivir con una alta prevalencia de malnutrición por exceso, evidenciada en el aumento sostenido del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

Este cambio responde no solo a una mayor disponibilidad de alimentos, sino también a profundas transformaciones en los estilos de vida. Hoy vivimos en una sociedad acelerada, donde muchas veces el tiempo destinado a la alimentación y al autocuidado queda relegado frente a las exigencias laborales, académicas y familiares. A ello se suma el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo y la creciente influencia de factores emocionales en la relación que las personas tienen con la comida.

En este contexto, el abordaje nutricional requiere una mirada más integral, que no se limite únicamente a indicar qué alimentos consumir, sino que también considere cómo, cuándo y por qué las personas se alimentan de determinada manera. Factores como el estrés, la ansiedad, la dinámica familiar y el entorno alimentario influyen directamente en los hábitos cotidianos, haciendo necesario avanzar hacia estrategias más realistas, cercanas y sostenibles en el tiempo.

Uno de los principales desafíos de la nutrición en la actualidad es fortalecer la educación alimentaria desde una perspectiva práctica, que permita a las personas incorporar cambios progresivos y alcanzables en su vida diaria. Más que enfocarse en restricciones o soluciones rápidas, el objetivo debe centrarse en promover hábitos saludables que puedan mantenerse en el tiempo y que contribuyan efectivamente al bienestar físico y emocional.

De este modo, el rol del nutricionista se vuelve cada vez más relevante, no solo en el tratamiento de enfermedades, sino también en la prevención y promoción de la salud. Especialmente en espacios comunitarios y educativos, donde es posible generar conciencia, entregar herramientas y contribuir significativamente a mejorar la calidad de vida de las personas.