Pantallas y aprendizaje: una responsabilidad compartida

Los resultados de PISA 2025 vuelven a poner sobre la mesa una preocupación que Chile arrastra desde hace años: el deterioro de los aprendizajes. Esta evaluación internacional de la OCDE, aplicada a estudiantes de 15 años, mostró que solo el 41% alcanza el nivel mínimo esperado en Matemática y el 62% en Lectura. Ambos resultados volvieron a caer respecto de 2022.

No existe una sola causa para explicarlo. Sin embargo, hay un cambio en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes que merece atención: la creciente presencia de pantallas y redes sociales. Un informe de la OCDE publicado en 2026, con datos de PISA 2022, estimó que los estudiantes chilenos de 15 años pasaban más de 45 horas semanales en redes sociales. PISA 2025 muestra además que, entre los países con datos comparables, aumentó la proporción de adolescentes que dedica más de una hora diaria a navegar en redes sociales. En Chile, la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024 señala que el 54% usa redes sociales más de tres horas al día y el 42,7% revisa el celular o la tablet después de acostarse.

No podemos afirmar que las pantallas expliquen por sí solas la caída de los aprendizajes, pero tampoco parece razonable analizar ambos fenómenos por separado. A nivel internacional, PISA ha mostrado asociaciones entre uso excesivo de dispositivos, distracción digital y peores resultados académicos. En 2025, el 48% de los estudiantes chilenos señaló que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante las clases de Ciencias, frente al 28% en la OCDE. Estudios recientes también vinculan el uso problemático de pantallas con dificultades de atención, autorregulación, sueño y salud mental.

A esto se suma otra señal de PISA 2025: en Chile solo el 63% de los estudiantes señala que sus padres o cuidadores les preguntan semanalmente qué hicieron en el colegio y el 44% conversa con ellos sobre problemas escolares. Ambas cifras son menores que en 2022. El aprendizaje no ocurre solo en la sala de clases: también se construye en el hogar, en las conversaciones, los hábitos y el acompañamiento cotidiano.

Chile ha dado un paso importante al restringir el uso de celulares en los establecimientos educacionales. Es una medida necesaria, pero el desafío no termina al regresar a casa. La legislación reconoce el deber de madres, padres y apoderados de supervisar y acompañar el uso de dispositivos móviles fuera del horario escolar.

Reducir pantallas también significa recuperar experiencias que pueden estar siendo desplazadas. Niñas y niños necesitan jugar con otros, moverse, conversar, aburrirse, inventar reglas, resolver conflictos y desenvolverse con autonomía creciente. Las y los adolescentes necesitan vínculos cara a cara y espacios reales de interacción entre pares. Todo ello también es aprendizaje.

Las orientaciones preventivas comienzan desde temprano. La OMS recomienda evitar el tiempo sedentario frente a pantallas en niños de un año y, entre los 2 y 4 años, limitarlo a un máximo de una hora diaria, siendo preferible un tiempo menor. En primera infancia también importa el tipo de experiencia digital: la Academia Americana de Pediatría advierte sobre diseños que prolongan el uso, como la reproducción automática y el desplazamiento infinito en plataformas de video, o las recompensas frecuentes en juegos digitales. Resulta prudente reducir al mínimo posible estas experiencias interactivas en los primeros años.

Para etapas posteriores, propuestas preventivas de creciente difusión internacional plantean retrasar el acceso a un smartphone personal hasta alrededor de los 14 años y evitar las redes sociales hasta los 16. No son reglas universales de la OMS o UNESCO, sino referencias preventivas orientadas a proteger el sueño, la atención, la salud mental, el aprendizaje y las experiencias presenciales.

Si queremos mejorar los aprendizajes, la respuesta no puede quedar solo en la escuela. También debemos mirar lo que ocurre en los hogares y cuánto espacio se destina al sueño, la lectura, el juego, la conversación, los vínculos reales y la autonomía.