La deportista categoría Máster A estudia primer año de Preparador Físico en Santo Tomás Puerto Montt y compatibiliza sus estudios con sus entrenamientos, sus labores de dueña de casa, su trabajo y el ser mamá de dos niños.

“Es que si yo contara la emoción que uno siente cuando compite, es todo adrenalina. Cuando empiezas a escuchar los gritos en las carreras o cuando te mueves porque hay gente que no es ordenada y hasta te puede botar (…) Es motivador escuchar los sonidos de los cambios, los frenos, el aliento de la gente. Esta medalla conlleva mucho esfuerzo, dedicación, harto gasto y alegrías. Es algo satisfactorio. Te da mucha emoción cuando te nombran ganadora, uno ni lo cree. Ahora cuando me nombraron, mi marido se puso a llorar y eso me dio mucha más emoción”.

Con esta descarga de adrenalina, Traudy Muñoz Coronado, de 38 años, resume el latido de la pasión que la llevó a conquistar el Oro en el Gran Criterium El Delta del Panamericano Máster de Ciclismo en Paraguay. Su triunfo no es solo una medalla en el cuello; es el símbolo de una batalla multitareas que libra a diario: la de ser madre, estudiante, dueña de casa, trabajadora y una deportista de élite que se autogestiona.

Traudy estudia primer año de Preparador Físico en el Centro de Formación Técnica Santo Tomás Puerto Montt y compite en la categoría Máster A en ciclismo, una clasificación que define con orgullo. Lleva 10 años en el ciclismo de ruta, y aunque para algunos “ya uno es viejo para el deporte”, siente que ella y sus compañeras son el verdadero motor de la disciplina.

Pero esa entrega tiene un costo. Para las categorías Máster, el esfuerzo es solitario. “Uno igual lucha porque nosotros al ser categoría máster, la federación no te ayuda en nada (…) Nosotros nos pagamos todo, vamos a competir por Chile, pero todo sale de nuestro bolsillo”, exclama.

Su medalla, entonces, tiene un valor añadido, forjada no solo en el entrenamiento, sino en la gestión del tiempo y la economía familiar. “Soy mamá y me cuesta mucho entrenar porque tengo que quitarles tiempo a mis hijos y a los estudios y es muy difícil compatibilizar todo. Me ha costado mucho, pero yo tengo un gran apoyo que es mi marido, es mi timón, es donde me agarro y me da la fuerza para continuar y poder con todo”, subraya.

Su pasión por el ciclismo la mantiene viva, pero también la impulsa a un sueño más grande. “Mi sueño es terminar mis estudios de Preparador Físico en Santo Tomás y empezar de a poquito, tener un gimnasio y enfocar mi trabajo en las mujeres, porque como deportista quiero fomentar que uno como mujer se tiene que amar y eso parte por el autocuidado”.

34 minutos de puro coraje

Este logro se gestó en una de las pruebas más exigentes y peligrosas: el Criterium. Treinta minutos a máxima intensidad en un circuito “muy trabado”, con giros constantes, frenadas al límite y velocidades que rondaban los 39 kilómetros por hora de promedio.  “Es decir que todo el rato íbamos arriba de 45 kilómetros por hora y cuando frenas, es como que queda en 0 y vuelves a subir el ritmo, o sea, cada giro es un azote, es un puch de energía todo el rato”.

La carrera en Paraguay fue épica. Lluvia, calor de 25∘C y relámpagos, sumados a una llegada plagada de curvas y peligrosos “vaivenes”. Es en esos momentos de máxima presión, con el cuerpo al límite, donde la experiencia y el coraje de la tomasina brillaron. “Uno sabe antes del último giro porque tocan campanas, entonces cuando las escuchas sabes que, si ya disté tú 100 por ciento, ahora debes dar tú 130. Todo el rato es como tu pulso a máximo. Es frenético, adrenalínico, desgastante, pero satisfactorio”, destaca.

El oro de Traudy Muñoz Coronado no es solo un hito en su currículum. Es el testimonio de que la pasión, la dedicación y el sacrificio, cuando se combinan con un sólido apoyo familiar, pueden superar cualquier barrera.