A propósito del Día del Trabajador, Marcelo Lobos del Canto, Director Terapia Ocupacional de la Universidad Santo Tomás, Los Ángeles, compartió su opinión en el Diario La Tribuna de dicha ciudad.

No es nuevo el concepto de teletrabajo. Ha existido desde que la Internet se hizo parte de nuestras vidas, permitiendo desarrollar un rol laboral desde lugares diferentes al habitual. Hoy, la emergencia sanitaria, ha obligado a muchos a trabajar desde la casa. Claramente las opiniones sobre esto son variadas y las herramientas virtuales luchan por ser las mejores; logrando que las instituciones estén a la vanguardia en su uso, evitando detener la productividad de la mejor forma posible. Cada cual trata de expresar un sentir frente a este cambio que se viraliza para todos y que probablemente seguirá una vez logremos superar esta situación.

Por ahora, veamos aquellos que sí pueden desempeñar su rol de trabajador desde su hogar, adaptando un espacio y conectándose

¿Qué pasa con este ambiente laboral? Si uno revisa opiniones, podrá acceder, hasta empatizar, con diversos puntos críticos que se relacionan con esta actividad. Uno de ellos, quizá el principal, es destinar el espacio y ambiente creado para descansar y desconectarse de la rutina laboral, a las responsabilidades propias del trabajo. Otro es concordar la propia rutina de la casa con el trabajo, donde realizar acciones de cuidado y mantención se pueden tornar dificultosas. También están aquellos trabajadores «acompañados» en su rutina laboral, por ejemplo, con hijos en casa, quienes también deben mantener su rol de estudiantes con clases, guías y tareas, que coincidirán con el trabajar.

Es importante entonces analizar el cómo llevo el trabajo a la casa. Primero se debe comprender que estamos en una situación sanitaria que es ajena a nuestro control, salvo en tomar las medidas para cuidarnos, y también, en la opción de buscar actividades que permitan tener un equilibrio ocupacional protector frente a un vivir repetitivo; por ende, podemos adaptarnos. Buscar que el espacio asignado en la casa para el desarrollo laboral sea en un lugar iluminado, ventilado, que nos de confort y sea diferente, idealmente, de áreas con otro objetivo ocupacional significativo, es un primer paso. También se debe respetar el horario productivo, buscando coordinar con pausas, activación motora y sensorial, descanso (sobre todo la vista) y cambios de ambiente. He ahí la importancia del primer paso descrito. Por lo demás, buscar alternativas para el buen uso del tiempo libre, explorando actividades que sean de interés y significativas (e incluso totalmente nuevas), es crucial para no perderse en el trabajo, siendo una gran alternativa tener instancias de ocio y de recreación tanto para uno mismo, como para con quienes conviven, buscando así potenciar también una vinculación más sólida con el otro, generando el apoyo en y para los demás.

La invitación queda a poner mayor consciencia en nuestra rutina actual, evitando que trabajar desde casa sea una experiencia poco grata, que genere un estrés que claramente no necesitamos en este momento y que podamos enfocamos no sólo en las necesarias responsabilidades laborales, sino también en las actividades que son significativas para nosotros, usándolas como estrategias para conllevar una mejor rutina y equilibrio ocupacional y enfrentar así las dificultades y los puntos críticos producidos por trabajar desde «la comodidad de nuestras casas”.

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