“La infección causada por SARS-CoV-2, denominada COVID-19 ha impactado significativamente en la vida de todas las personas. Todos nos sentimos vulnerables frente a un virus que llega con toda la fuerza a un sistema de salud debilitado y cansado. Hay que pensar que en años no COVID-19 los servicios de urgencia están colapsados, con funcionarios de la salud haciendo lo posible con los escasos recursos disponibles y con una población que le cuesta entender que es urgente y que no”.

 

Sin duda COVID-19 llegó para quedarse y sólo nos resta tomar las medidas de autocuidado como es el distanciamiento social, lavado de manos frecuente y por sobre todo respetar también al otro. Si decide salir se pone en riesgo usted y pone en riesgo a la población más frágil y vulnerable, los adultos mayores.
Chile es un país que tiene alta población de adultos mayores que conviven con diversas enfermedades y los sitúa como un segmento especialmente susceptible a la infección por COVID-19. El aumento de morbimortalidad en el paciente mayor se ha asociado tanto con las comorbilidades, especialmente enfermedades de tipo cardiovascular, como con la situación de fragilidad que conlleva una respuesta inmunológica más pobre.
Especial cuidado representa los adultos mayores que viven en centros residenciales, donde han existido varios casos de COVID-19. Es muy importante que los cuidadores y personal que trabajan en dichos establecimientos, sean especialmente estrictos con las recomendaciones emanadas desde el Minsal que dice relación a habilitar espacios que permitan separar a las personas mayores resguardando que las camas se encuentren como mínimo a 1 metro de distancia; delimitar los objetos, utensilios e insumos que deberán ser de uso exclusivo y personal; favorecer el adecuado control de las enfermedades crónicas o de base, entre otros.
El cuidado de este grupo etario en expansión, se ha convertido en un tremendo desafío sanitario y social en nuestro país.

Marcela Soto- Jefa de Carrera de Tecnología Médica UST