Dr. Esteban Quezada lidera investigación sobre los mecanismos de un efecto adverso de la toxina botulínica

Un estudio liderado por el académico de la carrera de Enfermería de la UST, sede Santiago reveló que la toxina botulínica no provoca muerte celular en el músculo, sino que altera su sistema de “reciclaje” interno, entregando nuevas claves para entender la atrofia muscular y sus efectos en la salud.

El Dr. Esteban Quezada, académico de la carrera de Enfermería de la Universidad Santo Tomás, sede Santiago, lideró una investigación que revela nuevos mecanismos detrás de uno de los efectos adversos más conocidos de la toxina botulínica: la atrofia muscular. El estudio se desarrolló en colaboración con Sonja Buvinic y Mario Chiong, de la Universidad de Chile, consolidando un trabajo conjunto en investigación biomédica entre ambas instituciones.

La investigación fue publicada en la revista científica Cell Death Discovery, perteneciente a Springer Nature, clasificada en el primer cuartil (Q1) y con factor de impacto 7. El estudio completo está disponible en: https://www.nature.com/articles/s41420-026-02982-7

El trabajo se centró en la toxina botulínica tipo A, conocida popularmente como “botox”, ampliamente utilizada en medicina y estética, pero que puede generar como efecto secundario la disminución del tamaño del músculo donde se aplica, además de otros procesos patológicos. Hasta ahora, no se comprendía con claridad el rol de la apoptosis (muerte celular programada) y la autofagia (sistema de reciclaje interno de las células) en este proceso de atrofia muscular.

Para abordar esta incógnita, el equipo liderado por Quezada utilizó un modelo experimental en ratones con el objetivo de dilucidar los mecanismos celulares involucrados. El principal hallazgo fue que la toxina botulínica no provoca muerte celular en el músculo, sino que bloquea la autofagia, impidiendo que las células eliminen y reciclen correctamente sus componentes dañados. Esto genera una acumulación de estructuras celulares defectuosas que termina afectando la masa muscular.

En términos simples, el músculo no muere, pero pierde su capacidad de “limpieza interna”, lo que deteriora su estructura y función.

Este descubrimiento permite comprender mejor los efectos adversos del uso clínico y estético de la toxina botulínica, abre nuevas líneas de investigación para prevenir la atrofia muscular y aporta conocimiento relevante para enfermedades asociadas a la pérdida de masa muscular. Además, sugiere implicancias en otras condiciones donde la autofagia está alterada.

El trabajo no solo contribuye al conocimiento básico, sino que también abre oportunidades en biomedicina, fisiopatología del músculo e investigación en envejecimiento, como la sarcopenia, reafirmando el aporte de la investigación desarrollada en Chile al avance científico.