Formación para un país que cambia más rápido que sus aulas

La educación técnico-profesional enfrenta un punto de inflexión. Cambios tecnológicos más rápidos que los ciclos educativos, una fuerza laboral adulta que necesita reconversión, y una transición productiva que demanda nuevas competencias. Autoridades de las principales instituciones analizan los temas que marcarán el rumbo del sector este año.

Mucho más que empleabilidad es lo que se juega la educación técnico-profesional en su proceso de adaptación a una economía que está cambiando más rápido que sus instituciones.

La revolución digital, la transición verde, y una fuerza laboral que necesita reconvertirse, están empujando a la educación TP a ser considerada infraestructura crítica para la productividad, la competitividad y el desarrollo del país, según representantes del sector educativo consultados por ‘El Mercurio’.

Los líderes de los principales centros de formación técnica explican que el principal desafío para 2026 es ampliar la cobertura y responder de manera rápida a la demanda de nuevas competencias, con trayectorias flexibles y formación continua requeridas por el mercado laboral. Para lograrlo, el sector está apoyándose en inteligencia artificial, educación online, simuladores, vínculos con la industria y adaptación regional, con el fin de evitar quedarse atrás en la formación y contribuir al crecimiento.

El rezago en las competencias

La brecha entre la velocidad de las transformaciones productivas y la formación de capital humano técnico es significativa, según revelan diversos estudios nacionales e internacionales.

Efectivamente, la Encuesta nacional de demanda laboral (Enadel) del Ministerio del Trabajo reportó que, en Chile, el 9,6% de las empresas declaró tener dificultades para cubrir algunas de sus vacantes, siendo la principal razón, en un 33,8% de los casos, la falta de competencias o habilidades técnicas.

A nivel global, en tanto, el estudio Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial proyecta que más del 40% de los trabajadores necesitará reentrenarse a nivel global antes de 2030, impulsado por la automatización, inteligencia artificial y transición verde, con una fuerte necesidad de perfiles técnico-operativos.

La desalineación entre lo que se enseña en el sistema y lo que demandan las industrias emergentes puede generar títulos con bajo valor productivo, mayores niveles de subempleo y trayectorias laborales menos robustas, afirma el vicerrector académico del IP-CFT Santo Tomás, Juan Carlos Erdozáin.

«Si la educación TP no se adapta a tiempo, la movilidad social se vuelve más frágil; aumentan el subempleo, la rotación y los salarios bajos. El desafío es acortar el ciclo entre la demanda laboral y la formación, con datos, pertinencia y oportunidades reales», señala.

El rector de Inacap, Lucas Palacios, coincide diciendo que ‘hoy la formación técnico-profesional es sinónimo de talento operativo y técnico, con capacidad de generar valor inmediato en los procesos productivos. Por eso, si no se adapta con rapidez a las necesidades reales de las industrias, el riesgo es formar capital humano que pierde vigencia en muy poco tiempo’.

Ajuste continuo

El desfase entre los tiempos de la educación y la velocidad del cambio productivo se ha convertido en una amenaza concreta, según los consultados. Explican que para no quedar rezagada, la TP debe ajustar contenidos, metodologías y trayectorias formativas en tiempo real.

‘Muchos sectores productivos están cambiando más rápido que los ciclos tradicionales de actualización curricular. La educación TP tiene que responder con formación flexible y oportuna, o corre el riesgo de llegar tarde’, expone Jorge Martínez, vicerrector de Operaciones de AIEP.

Por su parte, el rector de la Escuela de Comercio y Servicios (ECS), Fernando Martínez, afirma que la transición digital y la automatización están avanzando más rápido que la disponibilidad de competencias en la fuerza de trabajo. ‘Si no acortamos esa brecha, el sistema seguirá formando para un escenario que ya cambió’, asegura.

En esa línea, Roberto Barriga, rector de Iplacex, advierte que ‘hoy no basta con actualizar planes de estudio cada cierto tiempo; la formación tiene que ajustarse de manera continua, porque cuando los cambios llegan tarde, el título pierde valor antes de que el estudiante egrese’.

La estrategia para los cambios

Frente a este escenario, las instituciones de educación TP han optado por concentrar sus inversiones en áreas críticas para sostener la empleabilidad. En este sentido, se ha apostado por una actualización de infraestructura y equipamiento, el fortalecimiento de capacidades digitales, y una vinculación más estrecha con el mundo productivo.

‘El foco de inversión se prioriza considerando el impacto directo en la formación para el trabajo; es decir, actualización de infraestructura y equipamiento crítico, fortalecimiento de capacidades digitales y apoyo a la docencia para implementar metodologías por competencias’, señala Erdozáin, del IP-CFT Santo Tomás.

En paralelo, la incorporación de tecnologías emergentes se ha vuelto transversal a las estrategias formativas. Además de usarse como apoyo pedagógico, la inteligencia artificial, simuladores y entornos virtuales de aprendizaje se están utilizando como herramientas para entrenar competencias directamente aplicables al mundo laboral.

Jorge Martínez, de AIEP, cuenta que la institución ha ‘incorporado inteligencia artificial de manera transversal en todas las carreras, junto con simuladores y laboratorios virtuales, porque la empleabilidad depende de que los estudiantes aprendan con las tecnologías que ya usa la industria’.

Nada de esto sería de mucha ayuda si no se ajustan los procesos formativos en tiempo real. Para ello, el uso intensivo de datos y analítica es fundamental. El objetivo es evitar que el desfase entre lo que se enseña y lo que se demanda se consolide, añade Roberto Barriga, rector de Iplacex. ‘Invertimos en recursos de simulación y en analítica de datos e inteligencia artificial para asegurar que el egresado cumpla con el estándar que hoy exige el mercado laboral, y no con el de hace cinco años’, manifiesta.

Inacap, en tanto, ha enfocado su estrategia en invertir donde la empleabilidad se ve más beneficiada ante la automatización, digitalización y transición verde, fortaleciendo su oferta académica con programas STEM y en energías renovables, además de ampliar su infraestructura formativa. La idea es asegurar que la formación técnica responda con agilidad a las necesidades productivas reales, y no solo a la expansión de la oferta educativa.

‘Hemos robustecido nuestra oferta académica incorporando programas con sello STEM y, al mismo tiempo, más de 1.200 talleres y laboratorios con equipamiento de punta, centros de entrenamiento especializado y tecnologías habilitantes como metaverso, robótica y tutores con inteligencia artificial, junto con programas robustos de perfeccionamiento docente’, señala Lucas Palacios.

Adultos vuelven a estudiar

La presencia de estudiantes adultos en la educación superior ha aumentado de manera sostenida en los últimos años. Según datos del Ministerio de Educación, el grupo de estudiantes mayores de 35 años alcanzó 76.291 matrículas en 2025, lo que representa un crecimiento de 10,6% respecto del año anterior, reflejando una demanda creciente por formación entre personas ya insertas en el mundo laboral.

Esta transición impone nuevas exigencias al sistema. Para este segmento, la flexibilidad es primordial. Es por ello que modalidades online, trayectorias modulares y reconocimiento de aprendizajes pasados se han vuelto claves para permitir que los estudiantes puedan seguir trabajando mientras estudian.

‘Potenciamos trayectorias formativas flexibles mediante el reconocimiento de aprendizajes previos y certificaciones intermedias, porque el trabajador actual necesita titularse en menos tiempo, validando lo que ya sabe hacer’, enfatiza Roberto Barriga, rector de Iplacex.

‘Cerca del 54% de los trabajadores no tiene formación para el trabajo. La educación TP tiene las puertas abiertas para el adulto trabajador, con programas más cortos, flexibles y orientados a la reconversión y la productividad’, agrega Jorge Martínez, vicerrector de Operaciones de AIEP.

Por su parte, el rector de Inacap, Lucas Palacios, advierte que ‘la velocidad de la digitalización exige que técnicos y profesionales vuelvan constantemente a las aulas para actualizar habilidades’.

Pese a estos avances, el ritmo que hoy exige el mercado laboral está poniendo a prueba mallas, infraestructura y la capacidad de articulación entre educación, sector productivo y política pública. El riesgo está en que los esfuerzos institucionales no logren escalar al nivel que el país necesita.

(Publicado el viernes 30 de enero de 2026 en El Mercurio)