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Estudiantes son reconocidos con el Premio Sello Santo Tomás Viña del MarSolidaridad que transforma: estudiantes UST llevaron esperanza y trabajo colaborativo a Licantén en los TVV 2026

Entre el 7 y el 13 de enero, la Dirección de Asuntos Estudiantiles llevó a cabo una nueva versión de los Trabajos Voluntarios de Verano 2026, una iniciativa que busca contribuir al bienestar y la calidad de vida de comunidades en situación de mayor vulnerabilidad, promoviendo la reducción de brechas sociales y el fortalecimiento del trabajo colaborativo.
Más que una intervención puntual, esta actividad —que se realiza cada año durante el verano e invierno— se consolida como un espacio de encuentro, aprendizaje mutuo y compromiso social, donde los proyectos son diseñados y ejecutados por los propios estudiantes, en estrecha vinculación con las comunidades beneficiadas.
En esta edición, participaron 147 estudiantes provenientes de distintas instituciones de la Región Metropolitana, Rancagua, Curicó y Talca, incluyendo UST, IP y CFT. De ese total, 48 estudiantes correspondieron a la Universidad Santo Tomás, sede Santiago, quienes desarrollaron su labor en la comuna de Licantén, específicamente en las localidades de Los Junquillos, Lora, Licantén e Iloca.
Durante la semana de trabajo voluntario, los estudiantes intervinieron 29 casos, reafirmando el compromiso institucional con la formación integral y el aporte concreto al desarrollo social de los territorios, a través de una experiencia marcada por la solidaridad, el trabajo en equipo y la vocación de servicio.
Para Diego Balmaceda, estudiante de Pedagogía en Educación Física y participante por ¿tercera? vez en voluntariados, la experiencia en la comunidad de Iloca fue especialmente significativa. “Trabajé junto a otras 54 personas, organizados en ocho grupos, donde cada uno abordaba un caso distinto. En nuestro caso, construimos un cielo desde cero, levantamos tabiquería, realizamos aislación, instalamos planchas de zinc y dejamos listas las instalaciones para el calefont”, relató.
El impacto del trabajo fue inmediato. “La familia quedó profundamente agradecida, y eso se reflejó en los abrazos y las atenciones que nos entregaron. Nos tocó enfrentar uno de los casos más complejos, como levantar una pared y un cielo completamente nuevos. Fue un trabajo arduo, pero logramos sacarlo adelante y quedó muy bonito”, agregó.
Finalmente, Diego destacó el sentido humano de la experiencia: “En los voluntariados uno se va con una sensación de paz, con la tranquilidad de haber ayudado de verdad a estas familias”.
Almendra Murúa, estudiante de Terapia Ocupacional y quien participó por última vez en estos voluntariados, valoró profundamente la experiencia vivida en la comunidad de Iloca, donde compartió labores con estudiantes de las sedes de Curicó, Talca y Temuco.
“Me voy con el corazón llenito y muy feliz, porque logramos terminar los ocho casos que tuvimos en solo una semana. Fue muy bonito ver cómo las familias quedaban contentas y agradecidas con los resultados”, comentó. Asimismo, destacó el aprendizaje que deja este tipo de instancias. “Siempre es una experiencia linda, que nos llena el corazón. Uno nunca deja de aprender, ya sea de nuestros propios compañeros o de las familias a las que ayudamos. Me voy feliz y agradecida por este último voluntariado”, concluyó.
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