La respuesta a situaciones de emergencia como la actual pandemia de Covid-19 pone a prueba la resiliencia de los sistemas de salud para adaptarse a un nuevo momento epidemiológico, salvando las vidas de las personas afectadas. Esta adaptación considera etapas de preparación, alistamiento y puesta en marcha de la respuesta, con capacidad de reconversión, no solo de equipamiento y de infraestructura, sino -lo fundamental- con equipos de salud competentes, capacitados y adecuadamente protegidos. La respuesta se inicia al generarse alertas mundiales sobre situaciones de riesgo para la población y que, en Chile, en una dimensión menor, vivimos en la pandemia H1N1, en cada “campaña de invierno”, y en desastres naturales que cada cierto tiempo nos toca vivir.

Los equipos de salud han aprendido de estas experiencias y hoy, sin duda, se están desplegando en toda su capacidad.

Sin embargo, esta preparación no puede estar aislada de medidas de salud pública desde las más básicas -lavado de manos, higiene respiratoria, distancia física y aislamiento preventivo de poblaciones vulnerables- a las más complejas -testeo y trazabilidad de casos, cuarentena obligatoria de personas contagiadas, control de desplazamiento de la población y cuarentena total obligatoria con seguimiento epidemiológico conocido y transparente. Ninguna de estas medidas, por sí sola, será capaz de controlar o mitigar la propagación del virus, deben estar integradas y estructuradas sobre la base de la pirámide de prevención, llamada por algunos como el “modo Covid de vivir”, cuidándonos entre todos y todas. Mientras estemos en alto riesgo, las medidas poblacionales obligatorias y restrictivas, como las que se han tomado en los últimos 48 días para aplanar la curva de contagios, algunas públicamente determinadas por la presión de actores sociales relevantes, seguirán siendo necesarias.

De acuerdo a la información pública disponible, llama la atención que habiendo la autoridad sanitaria sostenido una política gradual y territorial  de implementación de medidas de restricción de circulación de personas, hoy día se esté anunciando un conjunto de medidas que han sido interpretadas como disminución de restricciones para retomar la “vida normal”, con alcance nacional y en corto plazo, en circunstancias que las recomendaciones de expertos apuntan a la prudencia en la toma de estas decisiones con base en vigilancia epidemiológica muy rigurosa, pues producirán una falsa sensación de seguridad, mala comunicación de riesgo y relajación de la población, con serio impacto en la salud de las personas.

Una vez superada “la primera ola de esta pandemia” vendrán los impactos sobre la salud de las personas que en momentos de pandemia no acceden a atención de urgencia por problemas cardiovasculares, cerebrovasculares, entre otros (como ya ocurrió en otros países) y también sobre personas con enfermedades no transmisibles que hoy están teniendo dificultades para el control de sus enfermedades y acceso oportuno a medicamentos, especialmente adultos mayores. Lo anterior acumulará mayor daño sanitario en nuestra población.

En estas olas adicionales de la pandemia, la Atención Primaria de Salud puede y debe jugar un rol fundamental, ampliando su capacidad de respuesta, resolviendo problemas que antes de Covid-19 seguían derivándose a hospitales , reconvirtiendo especialidades hacia la atención en APS, utilizando al 100% los nuevos SAR disponibles para la comunidad, apoyándose en la academia (estudiantes y académicos de facultades de Salud) y constituyéndose en la base de la red integrada de servicios de salud sumándose a la resiliencia de todo el sistema.

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