EUTANASIA ASISTIDA EN CHILE: UNA DISCUSIÓN SOBRE EL INICIO Y EL FINAL

Como profesionales de la salud, desde siempre hemos acompañado durante todo el ciclo vital al ser humano, esto ha sido así por siglos, junto a la promoción, prevención, la rehabilitación y el acompañamiento al final de la vida. La atención cercana, hacia el  individuo y su familia en el proceso final, el mantener confortable, sin dolor y en las mejores condiciones posibles a una persona moribunda, gestionar la asistencia espiritual además de las acciones correspondientes para que la familia pueda despedirse de su ser querido, puesto que todos tienen el derecho a vivir y morir con dignidad y en óptimas condiciones de garantía.

Hemos sido testigos en Chile del debate sobre un proyecto de ley de “Muerte digna y cuidados paliativos” que, cumpliendo ciertas determinadas condiciones, se permitiría que un paciente decida y solicite la asistencia médica para morir, en los casos de que exista un diagnóstico con un problema de salud grave e irremediable, además de cumplir con los requisitos mínimos en la solicitud de asistencia profesional.

Ahora, sobre estas discusiones de si es o no correcta la eutanasia activa o pasiva, pareciera que nos olvidamos de que la muerte es un proceso natural y, por tanto, es parte de un ciclo. No nos corresponde decidir en qué minuto se apagará la llama de la vida, pero sí, estar cercanos y disponibles. En este sentido, cuando se habla de la posibilidad de intervenir en nuestra propia muerte, lo hacemos una vez que entendemos el ciclo y nos preparamos de acuerdo con nuestras creencias para esta etapa, con cuerpo, alma y espíritu; morir en paz.

La eutanasia es tan discutible como el ensañamiento terapéutico, porque ambos actos, demuestran lo poco que aceptamos que la vida tiene un inicio y un fin y es parte de la naturaleza de la existencia.

A su vez, es sumamente relevante considerar la autonomía de los pacientes sobre sus propios cuerpos, además de la objeción de consciencia del personal de salud, esto establece un entendimiento, una relación cercana con asistencia médica de calidad, humanizada, aplicando los conocimientos y el buen juicio, así como libertades individuales que estén ligadas a procesos reflexivos sobre el ciclo natural de la vida.

“La verdadera compasión humana no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo, ofreciéndole afecto y medios para aliviar su sufrimiento”. “La curación es imposible o improbable, el acompañamiento médico y de enfermería, psicológico y espiritual, es un deber ineludible, porque lo contrario constituiría un abandono inhumano del enfermo” (carta de la congregación para la doctrina de la fe aprobada por el Papa Francisco).

Luego de 45 años de actividad profesional activa, cumpliendo el rol en el equipo de salud que me ha correspondido representar, puedo decir que he acompañado a miles de personas en su ciclo vital y jamás ha sido una opción la eutanasia como parte de la entrega a mis pacientes, ya que existe un proceso de reflexividad en conjunto, que permite comprender  la muerte como una parte natural de la vida,  junto a los tratamientos médicos que permiten una mejor calidad de vida de las personas o, en los casos terminales, permiten procesar el dolor y el cierre de un ciclo en paz, sin sufrimiento y rodeados del afecto de su entorno como del equipo de salud que lo ha acogido.