El edadismo se describe como una forma de discriminación hacia las personas mayores en función de su edad. Junto al racismo y al sexismo son señaladas como las tres grandes formas de discriminación en la sociedad occidental, sin embargo, el edadismo afecta o afectará a  toda persona.

Éste puede tomar muchas formas, relacionándose con el mantenimiento de estereotipos, actitudes y prejuicios hacia las personas mayores. Las conductas edadistas están arraigadas en nuestra cultura y sociedad, muchas veces se generan de forma inconsciente, sin intención de daño, incluso algunas se contextualizan en el humor, dentro del lenguaje cotidiano se escuchan frases que encierran actitudes edadistas como por ejemplo: “Qué más va a pedir a su edad”, “mire el carnet”, “te llegó el viejazo”, “te quejas como viejo/a”, “te vas a  poner viejo/a”, “eso es de viejo/a”.

Si bien se ha señalado que en las conductas y creencias edadistas no hay una intención de daño, sí pueden generar consecuencias negativas, influyendo en las conductas de atención y cuidado hacia las personas mayores de parte de los profesionales demostrándose que:

  • Limita la forma en que se conceptualizan los problemas y las preguntas que se realizan.
  • Se desaprovechan oportunidades innovadoras.
  • Se puede presentar dificultad para reconocer la presencia de procesos patológicos en las personas mayores, (creencia vejez = enfermedad).
  • Utiliza la edad para explicar el comportamiento.
  • Varía el diagnóstico y las recomendaciones para el tratamiento de las personas mayores en comparación con adultos de menor edad.
  • Se desarrolla una visión paternalista, que si bien pudiese ser algo positivo por su intención protectora, tiene una influencia negativa en el adulto mayor.

Por otro lado, los más afectados por el edadismo son los mayores en quienes este puede impactar su conducta y autopercepción sobre la etapa que viven. Para explicar este impacto se habla de una “profecía autocumplida”, la cual llevada al ámbito del envejecimiento señala que nuestra forma de entender el proceso de envejecimiento nos llevará a adoptar comportamientos acordes con la imagen que nos hemos creado. Así pues, esos estereotipos pueden convertirse en realidad. Dentro de los muchos conceptos edadistas asumidos por los mayores se encuentran: aislamiento social, el deterioro físico y cognitivo, la falta de actividad física y la idea de que son una carga económica.

Otro punto a considerar sobre las consecuencias del edadismo en los mayores, se relaciona con investigaciones que han demostrado que esta forma de discriminación provoca menores niveles de autonomía, menor productividad, menos conductas de autocuidado y mayor estrés cardiovascular.

No es una tarea fácil modificar estas conductas o actitudes edadistas, sin embargo, un primer paso comienza por nosotros mismos, poniéndonos en el lugar de la persona mayor, visualizarnos en su situación. Probablemente no nos gustaría ver cómo, a pesar de nuestra experiencia y vivencias a lo largo de la vida, somos discriminados sólo por el mero hecho de ser mayor. Otro aspecto a desarrollar es el aprendizaje constante en temas de envejecimiento, el conocimiento nos permitirá derribar muchos estereotipos y prejuicios hacia los mayores y conocer sobre la diversidad de este grupo.

Como docentes, tenemos el deber de promover una imagen positiva de los mayores a nuestros estudiantes, enfatizando en lo heterogéneo del proceso de envejecimiento, sin desconocer los cambios y declives propios de este proceso, pero haciendo visibles sus capacidades, contribución e historia, en el marco del respeto a la dignidad de los mayores.