Estamos viviendo momentos complejos en nuestro país, en los cuales vemos a miles de ciudadanos y ciudadanas participando de las marchas pacíficas en las que expresan su malestar y sus demandas; y por otro lado observamos la violencia de algunos grupos que han generado temor en la población.

Desde dicha perspectiva, debemos condenar con fuerza el uso de la violencia, sin importar de donde venga; y junto con ello reconocer y buscar un camino que logre encauzar las demandas para la construcción de un país menos desigual.

En esta búsqueda de un mejor futuro, debemos comenzar por entender que la situación que  vive Chile no es solo de tipo político y económico, sino que también apunta a la ética y la moral de nuestra sociedad. En segundo lugar, es importante hacernos cargo de que el país  avanzó por medio de un modelo orientado, la competencia y al tener más. Nos olvidamos, como dice nuestro Administrador Apostólico, Padre Gonzalo Espina, del “Dolor por tanto sufrimiento, frustración y desconfianza, que viven aquellas personas que no han sido parte del progreso”.

Dicho esto, tenemos el deber de hacernos cargo, reconociendo el lugar que tienen los movimientos sociales, como agentes de cambio en este nuevo siglo, y catalizadores de los procesos de transformación que  exige la sociedad, siendo la protesta social un mecanismo de participación política.

Frente a este nuevo inicio, todos tenemos que ser protagonistas, y en ese sentido las instituciones de educación superior tenemos un rol relevante que dice relación con el pensar y repensar la sociedad, y con abrir espacios al diálogo y a una vinculación más profunda con nuestro entorno.

Es así como en el caso de Santo Tomás, donde soñamos con transformar a nuestros alumnos en agentes de cambio, estamos desarrollando una serie de jornadas de reflexión las cuales participan nuestros administrativos, académicos y estudiantes, y que buscan ser un espacio de diálogo y construcción de propuestas respecto a la sociedad que queremos y las temáticas prioritarias que se deben atender.

La invitación ahora es volver a nuestras distintas labores, entendiendo que cada una de ellas son aportes fundamentales para el desarrollo de nuestro país; y teniendo claro que este regreso a la rutina no puede significar dejar en el olvido la búsqueda de soluciones a las demandas y el malestar que expresaron los chilenos y chilenas.