Según la OMS cerca de 32 millones de niños tienen pérdida de audición

Signos de alerta que afectan la capacidad auditiva y el aprendizaje de los niños

La audición es una función compleja y uno de los principales medios por los cuales se suele aprender y desarrollar el lenguaje.

Así como los padres están atentos a los progresos del habla, es muy importante también mantenerse alerta sobre los síntomas asociados a las deficiencias auditivas, especialmente cuando la pérdida de la audición es progresiva y comienza a manifestarse desde la niñez.

Defectos genéticos en el recién nacido, infecciones de oído, acumulación de cerumen y otitis media secretora, son las causas más frecuentes de déficit de la audición en los lactantes y los niños mayores; signos de alerta que afectan incluso la capacidad del niño para desarrollar el habla, el lenguaje y las destrezas sociales.

Aunque el lenguaje, el habla y la audición son cruciales en su desarrollo, no es seguro suponer que el niño tiene una audición y percepción de habla normal, ya que puede responder a ciertos sonidos pero no escuchar otros. Si bien la mayoría de los niños oyen y escuchan desde el nacimiento, estos aprenden a hablar imitando sonidos del entorno y las voces de quienes lo rodean, especialmente la de su madre, quien no solo proporciona al feto un adecuado desarrollo emocional sino que prepara al niño para adquirir el lenguaje.

Sobre esto, la fonoaudióloga Paulina Vergara Fierro, docente Clínico del Área de Audiología de la Universidad Santo Tomás sede Concepción, comenta que escuchar es mucho más que oír los sonidos del ambiente o escuchar una conversación, es la base para la comunicación, pues sin la habilidad de escuchar, no se podría adquirir el lenguaje oral.

Hipoacusias Congénitas

De igual forma, la experta insiste que en el caso de hipoacusias congénitas, el niño tiende a tener dificultades para identificar los sonidos de forma parcial o total. Como por ejemplo en el bebé, este podría no girar hacia la fuente sonora, no llamarle la atención la voz de la madre, no sobresaltarse ante sonidos de alta intensidad o no responder a su nombre.

También podría tener un retraso en el desarrollo del lenguaje, podría no imitar sonidos, su comunicación podría basarse en jergas y gestos, y su principal canal de comunicación sería el visual.

Según plantea la fonoaudióloga, existen diversos tipos de pérdidas auditivas como es el caso de las hipoacusias bilaterales profundas sin adaptación auditiva, condición en la que el niño no va a adquirir lenguaje oral y posiblemente aprenda lenguaje de señas como su principal canal de comunicación (canal visual).

“En otros casos podría haber retraso o trastornos del lenguaje secundario a la pérdida auditiva, acompañado de trastornos fonológicos, dislalias, dificultades en adquirir vocabulario, alteraciones en su sistema morfosintáctico, entre otros, como también, dificultades en el aprendizaje”, afirma.

En este sentido, la docente clínico revela que para la detección temprana de hipoacusia, en Chile se llevan a cabo tamizajes auditivos neonatales, un escaneo acústico que permite descubrir alteraciones de la cóclea (órgano de la audición), en el cual se evalúa el funcionamiento de las células sensoriales del oído interno.

Por lo tanto, a todo bebé prematuro menor de 32 semanas o con peso inferior a 1.500 gramos, se le deben realizar pruebas auditivas objetivas para la pesquisa de hipoacusia como garantía estatal, así como también observar el desarrollo del niño y el cumplimiento de los hitos del lenguaje para realizar evaluaciones auditivas en caso de sospecha o como prevención, agrega.

Es así como la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (ASHA) recomienda realizar una evaluación integral que incluya exámenes fisiológicos, conductuales y del desarrollo para poder determinar una pérdida auditiva en un niño.

“Es de gran importancia que los padres estén alerta ante cualquier sospecha ya que son ellos los primeros en detectar y observar conductas diferentes en sus hijos y siempre debemos considerar sus sospechas”, exhorta la especialista Paulina Vergara Fierro.

Dificultades asociadas a la hipoacusia

Todo depende de la edad en la que se descubre la patología y el periodo en el que es implantado o habilitado su canal auditivo, dado que se pueden encontrar algunas dificultades durante su crecimiento, como trastornos del lenguaje, dislexia, problemas en la escritura, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y por tanto, déficit en el procesamiento auditivo central, explica Paulina Vergara Fierro.

Por otro lado, la experta comenta que en el caso de niños pequeños (hasta 3 años) que son habilitados auditivamente con audífonos o implante coclear, no deberían haber dificultades significativas en el aprendizaje, puesto que el lenguaje se adquiere de la misma forma que la natural pero de manera más lenta y acorde a su edad auditiva, no su edad cronológica. “Al estar dentro del periodo crítico se aprovecha la plasticidad de su sistema nervioso para aprender a utilizar de manera efectiva los sonidos del habla y del ambiente que reciben a través del implante coclear o audífono para la comunicación”, certifica.

En el caso de niños que se les habilita el canal auditivo después de los 6 años, el implante es menos efectivo para poder adquirir habla y lenguaje, ya que van a utilizar la información auditiva como un complemento para su comunicación. En este caso las dificultades para el aprendizaje podrían ser mayores.

María Alexandra Mesa, fonoaudióloga y docente de la UST, advierte que una intervención temprana antes de los seis meses de vida, es considerada elemental para maximizar el periodo sensitivo del desarrollo del niño y para prevenir los retrasos que frecuentemente se suelen observar tras la pérdida auditiva.

“Es fundamental la intervención de un fonoaudiólogo en el proceso de evaluación y diagnóstico, ya que la hipoacusia tiene diferentes grados de severidad que van desde leve hasta profunda, en caso de no tomar consciencia a tiempo las consecuencias podrían fatales en cuanto al desarrollo emocional, cognitivo y social del niño con su entorno” asegura.

Según este contexto, los defectos de la audición, bien sean congénitos o adquiridos, es un grave trastorno sensorial que a la larga originará serias dificultades psicológicas y de comunicación, tanto para el niño como para su familia, lo que trae consigo problemas de desarrollo personal y de integración del paciente, señala la fonoaudióloga María Alexandra Mesa.

Alternativas para el aprendizaje

La Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que alrededor del 60% de las pérdidas de audición en la niñez, podrían evitarse con medidas de prevención. En caso de que la pérdida de la audición sea inevitable, la OMS recomienda realizar intervenciones que aseguren a los niños el logro pleno de sus potencialidades a través de rehabilitación, educación y potenciación.

Considerando lo expuesto, la experta afirma que aunque los audífonos y los implantes cocleares son maravillosos, un niño con problemas auditivos necesita igualmente estimulación continua a través de éste canal por sobre el visual, en el cual se empleen estrategias de realce acústico, dar énfasis en palabras clave, dejar que el niño tome su tiempo para responder y luego preguntarle lo que escuchó para poder complementar la información, entre otros.

Por último, recomienda que el niño se siente adelante o adquiera un sistema FM que lo ayude a escuchar a la profesora sin interferencia del ruido de la sala de clases y cambiar aspectos como el mobiliario de la sala para disminuir el ruido de sillas, mesas o la reverberación acústica.